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  • Foto del escritorMeet Your Tour Guide MX

🇲🇽 El paso del sol en mesoamérica por Arqueólogo Hugo Huerta.

El antiguo territorio que hoy ocupa México y Centroamérica se conoce como Mesoamérica, en esta área más de un centenar de culturas desarrollaron increíbles avances en todas las manifestaciones culturales. En las artes crearon infinidad de estilos escultóricos, cerámica, textiles, joyería y plumería por mencionar algunos. En el área de las ciencias, varios grupos destacaron por el impulso que dieron a la ingeniería, arquitectura, matemáticas y astronomía. Ésta última desempeñó un factor importantísimo en la vida de los pueblos y afortunadamente los avances en esta disciplina llegaron hasta nosotros gracias a unos cuantos escritos y sobre todo impresos de manera indeleble en cientos de edificios distribuidos a lo largo del territorio.


Entre todas las culturas mesoamericanas destacaron los zapotecos, mayas y nahuas por su capacidad de transmitir a la posteridad el conocimiento que fueron adquiriendo. La observación de la bóveda celeste sería inútil sin un sistema para registrarla y es por eso que a la par crearon diferentes calendarios, algunos de uso civil, normalmente solares y otros de carácter ritual como el calendario lunar, de Venus o Marte.

El calendario solar se asoció desde épocas tempranas a la agricultura y funcionó como marcador de tiempo para calcular el momento idóneo de empezar con la labranza de la tierra, la siembra y la cosecha. Junto con el movimiento del sol por el horizonte, el ciclo agrícola se repite anualmente sin falta, quizá esta repetición debió contribuir al desarrollo del concepto abstracto del tiempo.



Amanecer en Chichén Itzá. Foto por Tita Ulloa

 

Algunas culturas orientaron muchos de sus edificios de acuerdo a ciertos fenómenos astronómicos, sobre todo los solsticios, en algunas ocasiones los cuartos de año y en menor medida los equinoccios y algunas fechas independientes, seguramente para conmemorar eventos de gran importancia, dignos de recordar.

Por ejemplo, en Xochicalco, entre los años 700 y 900 d.C. sus habitantes construyeron una cámara cenital, una habitación debajo de otra estructura donde se observa dos veces al año un haz de luz que sirve para marcar el paso del sol. El cenit sucede dos veces al año y se caracteriza por que el sol se encuentra todo el tiempo por encima del espectador y no se produce sombra. Este fenómeno sucede entre mayo y junio. En Monte Albán, en épocas más tempranas, los zapotecos también crearon su propia cámara cenital. Aunque este fenómeno específico no corresponde con ninguno de los solsticios es un ejemplo de la importancia de otros eventos solares. Los zapotecos en particular dividieron el año en cuatro cocijos - nombre que también recibía el dios de la lluvia: Cocijo - que no eran otra cosa que una división arbitraria del año, justo como el año occidental, que no toma como referencia algún acontecimiento astronómico de relevancia.



Amanecer en Tulum. Foto por Milo (guardia de seguridad del sitio)

 

Se ha planteado durante décadas que el equinoccio fue importante también en la ciudad de Chichen Itzá ya que cada año, sobre la alfarda de la escalinata norte del Castillo (edificio principal), se proyecta la imagen de una serpiente con siete cuerpos sombreados que rematan con la cabeza del reptil tallada en piedra caliza en la base de la pirámide. Pero recientes investigaciones han informado que el fenómeno, además de posiblemente ser fortuito, no es exclusivo del equinoccio. Esta proyección se puede observar al menos desde quince días antes y otros quince días después del equinoccio. De igual manera, en la ciudad de Mayapán en Yucatán, los mayas construyeron un edificio casi gemelo del Castillo que presenta el mismo fenómeno, con la diferencia que son ocho los cuerpos sombreados y no siete como en Chichén Itzá. Los mayas fueron el pueblo americano que más evidencia escrita dejó sobre su sistema calendárico. Registraron solsticios, cuartos de año y todo tipo de fechas, excepto el equinoccio, por lo que es poco probable que haya sido importante para ellos.



Guía Pablo Barquin. Foto Clau Mendez

 

Otro fenómeno equinoccial erróneamente atribuido a los mayas sucede en el Templo de las Siete Muñecas en Dzibilchaltún, donde los espectadores se reúnen año con año a mirar al sol naciente pasar a través de un portal, una vista sin duda impresionante, pero que no se encuentra alineada con ningún edificio que marque su importancia ritual. Es el equivalente a abrir una ventana durante el equinoccio y moverse hasta centrar con la vista la salida del sol.

Ahora, un fenómeno celeste cuyo ciclo sí fue muy representado es el solsticio que marca el inicio y final del movimiento del astro rey. Existen dos; en el primero, que acontece en verano el 21 de junio, el sol se sitúa en el extremo más al norte sobre el horizonte. El siguiente sucede en invierno el 21 de diciembre, y el sol ocupa la posición más extrema al sur dentro del firmamento.

Cada año el sol repite su vaivén sin interrupciones, lo que para el ojo observador mesoamericano debió simbolizar un orden del que no podía escapar, una repetición cíclica que, por omnipresente debió tratarse de una acción divina. De esta forma el sol se convirtió en una de las deidades principales en todas las religiones.

Para los aztecas el dios sol Tonatiuh se asociaba a Huitzilopochtli, guerrero solar primordial, quien nace en el mes de Panquetzalizti que coincidía con la época del solsticio de invierno y en su honor se construyó el templo mayor de su capital Tenochtitlán que se convirtió en el ombligo del mundo conocido.

En el área maya, desde épocas tempranas los solsticios cobraron vital importancia debido a que simbolizaban el nacimiento y la muerte del sol, k´iin en idioma maya. Ellos representaron este camino con una serie de edificios conocidos como grupos “E”. El más conocido de ellos es el grupo “E” de Uaxactun compuesto por una plataforma con tres estructuras en la parte superior, dos en cada extremo marcando cada una el límite del movimiento del sol. En su respectivo solsticio al amanecer, el sol se alza sobre cada cresta del edificio y empieza el fin de movimiento en esa dirección y marca su regreso hacia el lado opuesto. Al centro se encuentra una estructura adicional que marca la división del cuarto del año. Enfrente de este complejo se encuentra otra plataforma que funciona como observatorio astronómico desde donde se observa la salida del sol por encima del grupo de tres estructuras. El grupo “E” está perfectamente orientado con el sol y el horizonte para poder observar el fenómeno de manera correcta, aunque con el tiempo se construyeron este tipo de edificios sin respetar mucho el punto de observación, pero conservando los fines ceremoniales.

Los cambios arquitectónicos se dieron porque el rito cobró más relevancia que el suceso en sí mismo. Las ceremonias en honor al nacimiento y muerte del sol acompañaron a las múltiples culturas mesoamericanas a lo largo de milenios. Ya que el sol nacía y moría incesantemente, necesitaba del sacrificio humano de sangre (que no siempre implicaba tomar la vida del sacrificado) para volver a renacer, pues era éste el líquido vital que le servía de alimento. Con el paso del tiempo esto se volvió más importante que observar al cielo y ver cómo el sol se mueve o no a través del firmamento.

La apreciación de los fenómenos solares en el pasado no fueron eventos que implicaran la congregación de masas, sin embargo, en la actualidad un creciente número de personas acuden a las zonas arqueológicas sobre todo en fechas de equinoccio para presenciar el evento y cargarse de energía, práctica que al parecer fue inexistentes para sus constructores. Los fenómenos que sí se observaban se reducían a espacios más privados como las cámaras cenitales o al interior de ciertos edificios, como el Templo de las Siete Muñecas de Dzibilchaltún o el Castillo de Tulum.

Los edificios de cada sitio arqueológico son en sí mismos una muestra del esfuerzo y determinación humana y de cómo los antiguos habitantes de Mesoamérica plasmaron sus ideas en piedra. Al visitar cada uno de ellos busca conocer los secretos de estas impresionantes ciudades con un guía certificado, será la manera más divertida de adentrarte en el conocimiento del rico pasado de nuestra tierra.

Guía Pablo Barquin.

 

Texto por Arqueólogo Hugo Huerta

exilios@gmail.com

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