top of page
Buscar
  • Foto del escritorMeet Your Tour Guide MX

🇲🇽 Uno de los tantos Méxicos por Nora Mercedes.

Actualizado: 13 jun 2020

La primera vez que visité San Juan Chamula, en los Altos de Chiapas, descubrí un México que desconocía. San Juan Chamula es un lugar increíblemente enigmático para cualquier foráneo, ya sea nacional o internacional. La mezcla de elementos culturales mayas tzotziles y cristianos, generó un collage sociocultural, desde mi punto de vista, único en el país.


Recuerdo caminar feliz, después de comprar mi poncho de lana cruda, hasta la plaza del pueblo. Estaba casi desierta y al fondo resaltaba, en lo nublado del día, la colorida fachada de la iglesia. Me acerqué a la puerta con mi cámara en mano. Pero los lugares sagrados lo han sido y lo serán; y dentro del recinto no se permite tomar fotos. Y es que en este lugar se dan rituales ancestrales que la comunidad guarda celosamente del ojo externo.





Los lugares sagrados han estado presentes en todas las culturas. Las ciudades se han modernizado y han desplazado de su cotidianeidad la importancia de los rituales. Pero en el mundo rural y en especial aquí, estos son lugares de poder y las ceremonias son parte esencial de la comunidad. Cuando los pueblos prehispánicos fueron despojados de sus templos y altares acabaron suplantados por los templos del viejo mundo. Y así, comenzó la mezcla de creencias y rituales.


Cuando al abrir la pesada puerta de madera se siente el olor a pino, encontramos la primera evidencia del sincretismo. Dentro no hay bancas, el piso está cubierto de hojas frescas de pino. La gente yace en el piso, sentados en grupos, murmurando entre ellos o rezando. Figuras de diversos santos están dispersas todo alrededor, lo mismo que las veladoras que encienden los rostros de aquellos mártires y valientes que entregaron su vida a Dios. Pero quién se ocupa de la ceremonia no es un sacerdote, aquí se ocupa un chamán, con su copalera encendida y humeante.


Tienen varios refrescos de cola y huevos. Se escucha una gallina que tienen cubierta con una manta. El chamán, quien es curandero, habla en silencio con el afligido y es entonces que proceden al ritual. En un momento, la gallina aparece en escena, tomada de las patas por el chamán. El afilado cuchillo corta el pescuezo del animal que convulsionando pierde la vida. La sangre, parte vital del ritual, se ofrece como sacrificio para sanar las aflicciones de quienes vienen buscando remedios. Los chamulas creen que, al morir el animal, muere también la enfermedad o aflicción, que pueden ser diversas: algunas mundanas, otras del mundo etéreo; pero son sólo aquellas más complejas las que requieren el sacrificio. En otras ocasiones, la limpia con huevos y refresco, los rezos y ofrendas de copal y frutas bastarán. Y es así como siglos de historia quedan resumidos en un ritual completamente auténtico, una ceremonia de origen ancestral dentro del recinto sagrado cristiano.




Pero la sorpresa de vivir San Juan Chamula va más allá de sus rituales y sincretismo. San Juan Chamula pertenece a las regiones zapatistas que en el pasado han luchado por defender su autonomía. Parte de su tradición se rige por estrictos preceptos de su comunidad, mismos que siguen religiosamente. La sociedad es patriarcal y la mujer no tiene mucha voz fuera de casa. Todavía se les vende en matrimonio. Su costo dependerá de qué tan hábil es en las labores del hogar y si tiene algún talento adicional como bordar o coser la lana, valdrá algunos pesos más. Las niñas pueden ser esposas desde los catorce años.


Los niños corren libres, algunos descalzos a pesar de la lluvia, muchos se acercan a vender brazaletes y bordados, algunos de ellos específicos del poblado. Los mercaderes ofrecen todo tipo de tejidos de lana que es el producto típico de la región. Los hombres llevan sus abrigos de lana negra o blanca, según su estatus en la comunidad. Las mujeres se encargan de la venta y de los niños mientras los hombres se ocupan de lo demás.


Los sentimientos son encontrados… se divaga entre la riqueza cultural de las sociedades autóctonas en la que los rituales y la forma de organización ancestral siguen vigentes; la realidad de la situación social en la que el respeto a la autonomía de estos pueblos y sus tradiciones implica sacrificar algunos de los reconocidos derechos humanos; la dureza de la situación económica en que viven estos pueblos, incluso sin acceso a servicios básicos. Todo ello, un reto sin duda tanto para quienes defienden la hegemonía y la herencia cultural de los pueblos; quienes hacen las políticas y normativas locales, regionales y nacionales; así como para un turismo respetuoso, consciente y responsable.

Una visita sin duda necesaria para tener un perfil más amplio del México rico y complejo, cultural y diverso. Necesaria sin duda una mentalidad abierta y un criterio amplio para que San Juan Chamula sea la experiencia que merece.



Nora Mercedes

Fotos por Nora Mercedes



57 visualizaciones0 comentarios

コメント


bottom of page